Volg Novato


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Publicado: Mie Jul 07, 2010 17:08 Título del mensaje: Cazadores cazados |
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Vosguá ap Aidalo, 23 del mes de Rohan
Hoy he logrado al fin descifrar lo que necesitaba. Tardé casi medio año en lograr que el alcalde de Midiam me permitiera acceder a los documentos oficiales que guardan con tanto celo. La ciudad no posee una biblioteca abierta al público, mas a base de sobornos y pagos de favores, logré descubrir lo que no es de dominio público para los forasteros. Uno de los habitantes guarda en su hogar los documentos y manuscritos de la ciudad en celoso secreto. Las familias más antiguas conocen esto y lo permiten, ya que ese hombre tiene en su poder pruebas de crímenes del pasado con los que los patriarcas de estas familias lograron aposentar su dominio en la región. Hoy en día no queda nadie vivo que pueda exigirles nada por aquellos sucesos, pero esa gente valora el honor de una manera casi enfermiza. No permitirían que ninguna mancha en su pasado saliera a la luz. Por eso me fue tan difícil forzar al alcalde a obligar al bibliotecario a permitirme ver esos documentos.
Supongo que el haber retenido a sus nietos en mi escondrijo ha influido bastante. No me gusta lo que he tenido que hacer, pero haré lo que sea para desenmascarar a esos nómadas. Pagarán. El bibliotecario mantuvo su mascarada de vecino normal. La condición para darme acceso a los textos fue ayudarle a hacerlo. Me presenté en su hogar como si fuera un viejo amigo al que había invitado a comer. Mantuvimos charla insustancial delante de su esposa, quien tampoco sabe nada de la farsa. Y al finalizar la comida, me llevó a ver sus bodegas. La mujer salió de la casa a petición del bibliotecario a buscar unas especias... y cuando volvió, le dijo que me había marchado No fue así, por supuesto. En sus bodegas habían magníficos vinos de los que el hombre empezó a hablarme, mas no era ese mi interés. Ante mi impaciencia al ver al bibliotecario andarse con tantos rodeos, éste se puso serio y apartó un montón de trapos tras un tonel. Tras ellos apareció un pasadizo por el que solo se podía avanzar gateando. El bibliotecario se introdujo por el portando delante su lámpara, con la que iluminaba el camino. Le seguí.
Tras gatear un poco tras el hombre, vi que pasaba de largo ante un desvío. Al fondo pude ver que daba a una sala y creo haber distinguido las patas de una mesa. Cuando le pregunté por ello, el bibliotecario me indicó que allí solo estaban los documentos personales sobre su familia, a los que el acceso me estaba vedado. El trato solo incluía mostrarme los textos sobre la familia Hamm, que se encontraban con los documentos de la biblioteca. Seguimos por el pasadizo hasta que pareció que se terminaba. Me dolía la espalda por la posición y ante mis preguntas, el bibliotecario me indicó que debía abrir la trampilla para llegar a la sala. Al poco sonó un "click" y la pared que nos bloqueaba se corrió hacia la derecha. El pasadizo daba a una especie de cueva a la que salimos y donde pudimos estirarnos. Según mis cálculos, habíamos avanzado en dirección al río... y había mucha humedad. Tal vez la biblioteca estuviera debajo del río... pero sería un lugar estúpido para tenerla, la humedad acabaría con el papel. Iba a preguntarle sobre el tema cuando vi que el pasadizo por el que veníamos se había cerrado solo, herméticamente, sin atisbo de abertura ni mecanismos. Miré con cierta aprensión al bibliotecario, quien había sacado de su túnica unos pergaminos atados con un cordel.
- Estos son los documentos de la familia Hamm - me dijo mientras me los lanzaba - y siempre me ha costado decidirme a eliminarlos, tanto apego le tengo a los papeles - continuó, haciendo un intrincado movimiento con las manos, dejando caer la lámpara que se apagó al romperse su cristal y depósito
Los pergaminos comenzaron a arder en el aire mientras yo extenía las manos para recogerlos. Boquiabierto, aparté las manos de aquella pequeña bola de fuego
- Tu me has ayudado a decidirme - seguía diciendo el bibliotecario - al poner tanto interés en ellos. Muere aquí junto a esos viejos papelajos en llamas... los ojos de la muerte tardarán poco en venir - casi gritó mientras se ponía la capa de su túnica y desaparecía
- ¿Por qué haces esto? Te hubiera pagado el precio acordado, maldito seas! - le increpé mientras pisoteaba los pergaminos para intentar apagarlos.
- Porque hurgaste en mi pasado - respondió una voz que venía de la nada - porque mi segundo apellido es Hamm... y eres una amenaza. No deberías haber apagado los pergaminos, ahora estás sin luz... y pronto llegará el lord no-muerto que mora en este pasadizo. Si me disculpas... te dejo a solas con el
- ¿Qué? Estúpido, esto no tiene nada que ver contigo, sino con los nómadas! Los malditos nómadas! - grité
Pero nadie respondió. Me quedé unos instantes mirando la oscuridad, con la bota sobre los restos de los pergaminos. Y escuché unos pasos que se acercaban. Me agaché, recogí los papeles sin pensar realmente en qué estaba haciendo, y chasqueé los dedos. La cueva se iluminó y vi que al fondo una silueta estaba descendiendo por una escalinata. Con un escalofrío, comprendí que debía estar en las catacumbas bajo el cementerio de Midian y aquél ser que tenía ante mí era un rival con mucho demasiado poderoso para mis pequeños poderes de mago, menos aún para mis habilidades con las dagas. Corrí en dirección contraria como un poseso. Aún no tengo claro cómo sobreviví, pues sentí mi cuerpo temblar por la magia de ojos flotantes que me debilitaban más y más... hasta alcanzar una escalinata. La subí como alma que lleva el diablo y al salir a la superficie vi que ya era por la tarde y estaba rodeado de unas pocas sepulturas. Aquello no era Midian... no reconocía el lugar. Caminé, tratando de orientarme, cuando sentí crepitar el aire. Mi intuición me salvó, pues salté a un lado justo a tiempo de evitar el impacto de un rayo que había salido de la nada. Miré hacia atrás desde el suelo y vi el culpable. Una especie de vampiro estaba saliendo de tras una lápida y volvía a alzar los brazos. Salí corriendo, en zig zag y buscando la protección de los árboles fuera de aquel pequeño cementerio. Fue difícil ya que debía ir cuesta arriba y sentía los conjuros de aquel ser persiguiéndome. Pero al cabo de un tiempo parece que desistió de la persecución. Me tiré junto a un arbol y respiré con fuerza, buscando recuperar el aliento.
Tras un tiempo que pudo ser un minuto o una vida, pude volver a pensar con claridad. Miré en mi mano... ahí estaban apretujados los papeles que aquél loco me había lanzado en llamas, como burla por mi imprudencia. No los había soltado, aunque me había olvidado de ellos durante toda la persecución... aunque ahora estaban mucho más dañados, no solo por el fuego sino por mi mano aferrándolos. Les eché un vistazo rápido y al menos pude sonreír por primera vez desde que dejamos la comida. La mayor parte eran ahora ilegibles, pero uno de los pergaminos estaba en relativamente buen estado. Como caía la tarde, decidí una dirección al azar y avancé en busca de una cabaña o refugio. Tras subir y bajar por cuestas y cruzar un río, encontré civilización... un lugar extraño donde gente más extraña aún me miraba de reojo. Aún así, entré y me afinqué en el lugar por una semana. Que es el tiempo que llevó extraer del pergamino toda la información que pude. Era una orden de arresto sobre Maishu Hamm y el sumario de su juicio. Un juicio extraño, donde se nota la mano de los nómadas en él. Tal y como pensaba, llevan al menos 80 años caminando entre nosotros. Ahora tengo pistas sobre donde buscar. Este lugar parece seguro, apartado del resto del mundo... creo que será un buen lugar para esconderse... y a ti también, mi buen diario. Esta será mi base, aquí en el las Tierra Perdidas. |
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